“Ejecutar tiros sin un objetivo fijo es inútil –me decía mi recordado profesor–, sería como jugar al básquet sin aro”. Tardé años en comprender el verdadero significado de esas palabras.
Los consejos, tanto en el golf como en la vida, deben internalizarse a través de nuestras propias experiencias. Cada persona, en su momento, enfrentará circunstancias que lo obligarán a desarrollar su propio esquema de razonamiento y acción.
En mi caso, nunca logré tiros potentes con maderas o hierros largos, algo que acepté con el tiempo. En lugar de frustrarme, decidí centrarme en lo que el golf me ofrecía como sistema de compensación: fortalecer mi juego corto para equilibrar mi debilidad en las largas distancias. Desde entonces, no puedo quejarme.
Antes de esa decisión, me frustraba. Observaba a otros jugadores superar las 200 o 250 yardas con facilidad, mientras yo luchaba por alcanzar las 180. Me esforzaba en vano hasta que comprendí algo lógico: no tenía sentido intentar lo imposible. Nunca llegaría al green en un solo tiro en pares 4 o 5, ni siquiera en dos.
Entonces, adopté un enfoque más sensato: ejecutar tiros confiables con palos seguros, mantener una técnica equilibrada y asegurar cada golpe hasta alcanzar el green.
Compartí muchas partidas con jugadores que tenían tiros imponentes, pero que a menudo terminaban fuera de límites, en roughs complicados o en zonas injugables. Me consolé al darme cuenta de que mi juego, aunque menos espectacular, era más predecible y eficiente. Después de todo, un golpe corto de 5 cm vale lo mismo que uno de 300 yardas.
Mi habilidad en el juego corto no apareció mágicamente. Fue el resultado de práctica constante y especializada, apoyándome en un profesor. Fijarme objetivos claros fue clave. Aprendí a identificar un punto de referencia, como el lugar exacto donde quería que la pelota picara antes de rodar hacia el objetivo.
No pretendo dar una clase de golf, sino compartir mi experiencia. Cada jugador debe recurrir a un profesional para desarrollar sus habilidades. Sin embargo, puedo resaltar algunos fundamentos importantes para tiros cortos:
- Posición de las manos: Mantenerlas adelantadas respecto de la pelota para aprovechar el loft del palo.
- Control del swing: Mantenerlo bajo, sin superar la altura del hombro, y acelerar justo en el impacto.
- Uso del hierro como putter: Cerca del green, jugar como si el hierro fuera un putter, dejando que el loft haga su trabajo sin cucharear.
En las prácticas, recomiendo:
- Focalizar exclusivamente en tiros cortos.
- Fijar objetivos claros como banderas o marcas de 30, 50 o 100 yardas.
- Usar baldes de pelotas para perfeccionar tiros específicos.
- Observar el impacto: dónde picó la pelota y cuánto rodó.
- Experimentar con no más de tres palos (por ejemplo, hierro 8, pitch y sand).
Es fundamental analizar los desvíos frecuentes y ajustar la técnica para corregirlos. Conocer nuestras tendencias nos ayudará a realizar las pequeñas correcciones necesarias para mejorar nuestra precisión.
También es clave observar el entorno: la caída del terreno cerca del green, las pendientes y el estado del lugar donde descansa la bola. Estas variables determinan la potencia y el ángulo de ataque que debemos emplear.
En definitiva, apuntar a un blanco específico y registrar los resultados es la única manera de perfeccionar el juego corto.
Suerte en el green, y hasta la próxima.