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Histórico Jon Rahm

El de Barrika conquista su primer grande y se convierte en el primer español que gana el US Open

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 La imagen quedará para siempre en el corolario del deporte español. Igual que ese putt de Seve en St. Andrews en 1984 para ganar el segundo de sus tres British. O todas las chaquetas verdes del genio, Olazábal y Sergio. Jon Rahm, fuera de sí, lanzando el puño al aire después de que un golpe de una dificultad considerable, en bajada, con la bola deslizando por la traicionera hierba poa, remataba el primer US Open para España. El grande prohibido para los extranjeros durante décadas. El inicio de una aventura que, por anunciada, no deja de ser sorprendente especialmente por su ejecución.






Jon fue a ganar en Torrey Pines, el campo donde ganó su primer torneo profesional con un eagle fabuloso, pero inferior a lo que sucedió el domingo 20, el día en el que Jon cumplía exactamente cinco años en la categoría. La dimensión se agiganta porque vino precedido de otro fabuloso putt para birdie en el hoyo 17 y de una tarjeta final de 67 golpes, que plasmó el nivel de juego exhibido por el golfista de Barrika, de 26 años.

Jon fue a ganar en Torrey Pines, el campo donde ganó su primer torneo profesional con un eagle fabuloso, pero inferior a lo que sucedió el domingo 20, el día en el que Jon cumplía exactamente cinco años en la categoría. La dimensión se agiganta porque vino precedido de otro fabuloso putt para birdie en el hoyo 17 y de una tarjeta final de 67 golpes, que plasmó el nivel de juego exhibido por el golfista de Barrika, de 26 años.

Mientras se producía el desenlace, cogió a su hijo Kepa en brazos como si estuviese entrenando para levantar la copa que hizo minutos después y se paseó entre un pasillo humano que saludaba al campeón, aunque todavía no lo fuese. Era el día del padre en Estados Unidos y ahí estaban tres generaciones de Rahm -su padre Edorta está con él desde hace tres semanas- para asistir un momento histórico en sus vidas.



Un arranque fabuloso

Por primera vez en los 20 grandes que ha jugado, Jon arrancó la jornada final birdie-birdie. Fue una concatenación de soberbios golpes, apoyados, ante todo, en los tiros de salida. Cogió calles que en el US Open es de obligado ejercicio y el resto del juego estaba alineado. También el putt, palo que hasta el Memorial, cuando lo apartaron por Covid 19, le había creado dudas desde que cambió de escudería a comienzos de año.

Con todos los golfistas ya en acción, Rahm tenía más de la mitad del camino recorrido. Era segundo con Oosthuizen, a un golpe. Había domingo.

Todos los escenarios del US Open son un Vietnam por definición. Cada error se paga. Lo que logró DeChambeau entre el sábado y el domingo, jugar 28 hoyos sin bogeys, forma parte de los grandes episodios de la historia de esta edición. Rahm lo pagó a la primera. Se fue al bunker en el hoyo 4 y terminó sellando un bogey porque la bola giró hacia fuera en la última vuelta.





Bryson y Koepka

La contienda era fabulosa. Tras la primera hora y pico de juego del español, había diez jugadores en un golpe, cinco ganadores de grandes. Era un bistec con pimienta. La ponía que en el meollo estaban DeChambeau y Koepka, los golfistas cuyo pique infantil extradeportivo ha calentado el golf. Shares disparados. Aún no se había alcanzado el clímax de los nueve hoyos finales.

El golfista científico, con un hierro 9 maravilloso en el par 3 del hoyo 8 a un dedo de un hoyo en uno, dio el primer arreón y alcanzaron el 5 bajo par. El primer seísmo eliminó a los más débiles a Wolff, Henley y Casey. Rahm aprovechó el primer par 5 (hoyo 9) para jugar un wedge a la pendiente y conseguir el tercer birdie del día y seguir a un golpe.

Oosthuizen, el golfista que tiene un Grand Slam de subcampeonatos, provocó el siguiente tirón y elevó el listón a seis bajo par, la cifra con la que DeChambeau había ganado el año pasado, un tanteo ganador en el 66 por ciento de los US Open que se ha jugado en el siglo. Se intuía que ahí podía estar la victoria.

En esa curva reventó Morikawa (doble bogey en el fariseo par 5 del hoyo 13), Hughes, cuya bola se quedó en la copa de un eucalipto del 11, McIlroy .-bogey y doble bogey- y Koepka, al que se le acabaron los hoyos. También el 13 se tragó a DeChambeau. Lo empezó mal resbalándose en el golpe de salida y lo terminó peor: un doble bogey.

El US Open ya era una batalla entre Oosthuizen y Jon, separados por un golpe. El de Barrika tiró grandes putts que rebañaron los agujeros del 13, el 14 y toco la pared del 15. En el 17, cuesta abajo, en un putt rapidísimo entró por todo el centro y alcanzó por primera vez el liderato del torneo. Justo a tiempo.

La maravilla del hoyo18 dejó a Oosthuizen solo contra el campo. Cuatro hoyos por detrás, necesitaba un birdie. Y no fallar. La adrenalina le salía a chorros al sudafricano. La tiró al barranco del hoyo 17 y a pesar de un gran golpe de recuperación falló el putt. Cuando el primer golpe del hoyo 18 no pasó del rough, Jon se fue a prepararse. "Cuando se aproxima un playoff siempre te tienes que poner en lo peor", recuerda siempre. Esta vez era algo imposible. Oosthuizen intentó un eagle desde la calle, pero ni se asomó. Jon se elevó a los altares.

Fuente: Marca
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