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Lubricando máquinas...

“¿Nos oxidamos...?!”

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 ¿Qué pasó...? crujen y rechinan las articulaciones... es como poner en marcha un mecanismo que nadie utilizó y quedó detenido en el tiempo, seco y sin aceite.

Los huesos, articulaciones, músculos y tendones nos “pasan sus facturas” por este período de vagancia deportiva y excesivo descanso. Se ‘quejan’ de cada movimiento, ‘gritan’ ante el más mínimo esfuerzo por estirarlos, en fin... ya entienden a lo que me refiero. O por lo menos, pretendo que me comprendan quienes –como yo- ya ‘soplaron sus primeras 60 velitas...’

Es duro ponerse nuevamente en marcha.

Semanas atrás comentaba mi alegría por la llegada de la primavera y por el fin del aislamiento, aunque sea progresivo y dependiente de los resultados que las autoridades analicen. Estaba feliz por el retorno a los campos de Golf y a su práctica junto a nuestros amigos de siempre.

La cuestión es que volvimos...

Y estamos en condiciones de hacer nuestra primera crítica constructiva.

Seguimos (gracias a Dios), siendo los mismos amigos de siempre, o sea, la misma cantidad -que no es poco- porque en cuestiones de Calidad la cosa sí que cambió.

Nos vemos a nosotros mismos un poco más canosos, gorditos y lentos. Sólo un poco...

Más que deportistas o jugadores de Golf, digamos que nos parecemos a esos respetables tíos viejos que juegan dominó o ajedrez sentados al sol, en alguna plaza pública.

Casi inmediatamente de ponernos en marcha, evidenciamos la visita del amigo infaltable... Don Cansancio. Uno que antes nos visitaba finalizando la ronda de 18 hoyos y ahora aparece por el 10 o 12.

Este ‘desvergonzado’ se nos instala sin que lo notemos... hasta que por fin nos saluda, se presenta y nos propone levantar la pelota y retirarnos... en los primeros nueve. Dejando los hoyos faltantes para otra ocasión.

Confieso que ninguno está en condiciones físicas de contradecirlo, así que todos le hacemos caso.

A esa altura de los acontecimientos (de los nuestros), también nos resulta atractiva e irresistible la propuesta de una Sra. que extrañábamos mucho: a Doña Ducha.

Y no lo digo por falta de aseo, sino porque las instalaciones de un club por lo general, poseen esas duchas especiales con mucha potencia y temperatura, que nos dejan “knock-out” para luego terminar desparramándonos en algún cómodo sillón del bar.

Pero no... Hete aquí que no...

Ni duchas especiales... Ni vestuarios... ni cómodos sillones... Ni aquel acogedor bar de siempre...

Porque si bien liberaron la cuarentena para la práctica del Golf, aún no terminaron de aprobar las reuniones en lugares cerrados, con lo cual... a bañarnos a nuestras casas y a tomarnos una cerveza fuera del bar y de sus cómodas poltronas, usaremos sillas incómodas y distanciadas (según los protocolos de sanidad) a dos metros de distancia de c/u.

De cualquier manera no nos importó nada. Lo disfrutamos sin reproches y lo mejor del día fue el hecho de haber podido jugar y volver a poner en marcha nuestras postergadas rutinas. Definitivamente eso era lo bueno, que nuestras ‘viejas máquinas’, oxidadas y secas, pronto dejarían de chirriar y volverían a comportarse como antes.

Ninguno del grupo –me incluyo- a esta altura de los acontecimientos y de sus años, pasa cerca de la senda de la competencia personal ni de los logros deportivos. Hace tiempo que dejamos eso para las categorías que nos suceden.

Lo que obtuvimos (en premios, medallas, copas, menciones, etc.) lo guardamos en alguna vitrina o repisa en la pared para que nuestra querida compañera proteste cada vez que llegue la hora de la limpieza; así lo podremos exhibir y compartir con amigos y familiares.

Ya forman parte de nuestro pasado y ahora son útiles para contar fantásticas historias a nuestros nietos... ellos con su inocencia y fantasía siempre verán en nosotros al súper abuelo héroe del Golf...

Finalmente ese ‘primer encuentro’ terminó como siempre, reuniéndonos (ahora de contrabando y a escondidas de la cuarentena) disfrutando de una cena con nuestras compañeras, que con su eterna paciencia y tolerancia volvieron a escucharnos (y a soportar) nuestras repetidas historias de Golf, demostrando que nada había cambiado y que todo iría retomando el ritmo y la normalidad que siempre tuvo.

Vaya entonces mi deseo personal de un nuevo y prometedor comienzo y de una nueva etapa de vida para todos.

Que el Golf nos vuelva a ofrecer (como lo supo hacer siempre) la misma ansiedad, alegría y grado de felicidad a quienes decidimos adoptarlo e incorporarlo a nuestras vidas.

Volvamos a esperar con ansiedad esos fines de semana junto a nuestros amigos, para recorrer nuevamente los hermosos campos, que a pesar de ser los mismos... ahora se muestran más vivos y potentes que nunca (parece que este período de inactividad fue muy útil para sus pastos).

Lubriquemos las máquinas y volvamos a salir para disfrutar cada minuto de la vida, como siempre...!

Hasta la próxima.

Marcelo H. Barba
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