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El cuento de hadas de Sophia Popov en el British femenino

Sorprendente victoria de la alemana en el primer grande de 2020

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Sophia Popov, alemana de 27 años, destrozó todas las teorías existentes sobre la preparación para un grande. Anclada en el puesto 304 del ránking mundial y la séptima jugadora de su país fue a ganar el AIG Women's Open, el British femenino en el Royal Troon, donde había llegado sólo dos días antes del comienzo del torneo, con jet lag y sin victorias en su bolsa.

Pasó de los 40 grados de Phoenix a los vientos endemoniados escoceses, el frio y la lluvia. De los sofisticados recorridos americanos a los salvajes links. A pesar de esos contrastes, y de sólo haber practicado una ronda, ganó con su novio, al que conoció en los equipos nacionales, en la bolsa.



Popov, nacida en Estados Unidos e hija de una notable nadadora que fue becada en la Universidad de Stanford, había pasado hasta el domingo sin aristas por los torneos de desarrollo del LPGA, el gran circuito mundial que basa la mayoría del calendario en EE.UU, sin pisar apenas la gran liga. Había jugado el British en 2011, con 18 años, cuando era amateur y aún no había entrado en la Universidad del Sur de California. Y nada más.

Fue caddie hace tres semanas

Su presencia en el gran torneo británico obedeció a que la ausencia de coreanas en Estados Unidos por el coronavirus le permitió entrar en el Marathon Classic, torneo que repartía 10 billetes para Troon. Popov fue novena. Sólo una semana antes le había hecho de caddie a Anne Van Dyk, amiga suya, en el Drive on Championship, torneo con el que regresó el circuito porque aquella no encontró un ayudante local ante la escasez de efectivos por la pandemia.



Sophia era una meritoria sin status en el LPGA. El periodio del confinamiento en Europa le había servido para ganar dos torneos en el Cactus Tour, una de las escasísimas competiciones que no pararon en primavera a nivel mundial, una especie de tercera o cuarta categoría del golf femenino mundial en las que los premios son 2.500 dólares. En Troon se embolsó 675.000.

La alemana jugó como una veterana. Sólo cometió dos bogeys en la última jornada. En el 1, producto de los nervios, y en el 18, embriagada por la emoción, sabiéndose ganadora. Entre medias cinco birdies la permitieron siempre mantener distancia con todas las perseguidoras.



Su historia es comparable en el sector masculino a lo que hizo Francis Ouimet en 1913 o Ben Curtis en 2003. Episodios que trascienden más allá de su deporte. Se vio al verla con el trofeo en las manos donde no paró de llorar recordando emocionado problemas de salud en los últimos años. "Estuve a punto de dejar de jugar el año pasado. Gracias a Dios que no lo hice", entonó.

Fuente: Marca
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