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A la pelotita. . .

La pelota de Golf debería verse como la materia prima de todo nuestro "proceso" ¿ó no?, sin embargo, resulta ser el elemento más económicamente eludido del equipo.

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Oportunamente hablamos de la concentración y propusimos alguna estrategia para jugar alrededor y arriba del green, con el objetivo de disminuir la cantidad de golpes en dicha zona (Nota: “Bajar los 100…”)

Sin embargo, hay otros temas que a la vista de muchos jugadores, parecen minúsculos ó intrascendentes pero que bien entendidos y llevados a la práctica, ayudarán a bajar algunos golpes adicionales y nos darán más satisfacciones.

Aunque parezca insignificante… la pelota es uno de ellos.

Si alguno fuese paracaidista, ¿practicaría esa actividad con elementos viejos, usados, ajados, reparados ó cocidos?

Para no ser tan exagerado… ¿Y si fuesen corredores de autos, se imaginarían desear ganar alguna carrera y a la vez, ahorrarse unos pesos cargándole combustible “común”… a sus coches…?

Bueno, la pelota de Golf debería verse como la materia prima de todo nuestro ‘proceso’ ¿ó no?, sin embargo, resulta ser el elemento más económicamente eludido del equipo.

Muchos jugadores por cultura ó folklore propio, somos –“pichuleros”-. Término local que identifica al perfil que mezcla dos cualidades especiales ? por un lado es una persona extremadamente ahorrativa, pero simultáneamente resulta ser pretenciosa (¿eh…?)

Parece que algo de esa ecuación no cierra definitivamente con la lógica.

Con esa característica especial, pretendemos ahorrar del lado equivocado; comprando pelotas de segunda mano, decididamente malas, recuperadas de lagunas; perdidas y rescatadas del campo, que sin embargo revisamos y elegimos meticulosamente… (¿?)

Evitamos tener que pagar unos pesos de más, por un elemento que no consideramos estratégico (otro pensamiento inflexible de un ‘pichulero’ avanzado)

Sin embargo, a la hora de comprar una bolsa de palos último modelo, con lentejuelas, tachas y luces de neón; ó un carrito eléctrico con control remoto, airbag, asiento de cuero, antena satelital; etc. no tuvimos los mismos reparos y cuidados económicos.

Irónicamente vi jugar a esas personas, con pelotas deterioradas, ovaladas, y hasta medio amarillentas por el paso de los años a la intemperie, pero ellos… contentos igual.

Mi recordado y respetado Profe con su gran sabiduría una vez me enseñó que: 

La pelota siempre tiene que estar en perfectas condiciones esféricas y su superficie no mostrar marcas ni rajaduras, para que su trayectoria aérea y terrestre sea predecible y no errática.

 Debe estar limpia todo el tiempo que podamos y que las reglas nos permitan hacerlo, para que pueda volar más tiempo y rodar con facilidad. Unido a ello sepamos que:

 Cuando una pelota pierde su brillo y plastificado exterior, es decir cuando se pone áspera y opaca, además del efecto rebote, pierde distancia de vuelo por el rozamiento que produce su superficie con el aire. Pruébenlo.

 La pelota está en contacto efectivo y sólido con la cara del palo, tan sólo 1 segundo en los 72 golpes ideales de un partido (según dicen algunos fabricantes conocidos), si ello es realmente así, tratemos que en ese brevísimo tiempo no se interponga ninguna suciedad
entre la cara del palo y la superficie de la esfera, máxime si hacemos más de 72 golpes por vuelta… 

 Esa forma "martillé" que posee su superficie, llena de hendiduras, es a propósito para que se produzca un efecto aerodinámico, que la mantenga por más tiempo en el aire y no caiga como una piedra.

 Desechemos toda pelota que nos traiga dudas antes de comenzar el juego y (previa observación y consulta con nuestros oponentes y caddy) hagamos lo propio con las que ya están en juego. Pero cuidado: en el momento que podamos levantarlas…

 Escuchemos el sonido de la pelota al ser impactada, éste nos dirá mucho sobre su estado de salud. Si uno hiciera picar dos pelotas (una nueva y otra dañada o cortada) sobre un mosaico, mármol ó superficie dura, no sólo escucharíamos sonidos distintos sino que veríamos que la sana rebotará más que la dañada.

 Compremos pelotas de marcas conocidas. Si bien todas son buenas cuando las usamos por primera vez, la diferencia fundamental está en la duración y que sigan siendo confiables y redondas luego de los primeros golpes.

 Entendamos –finalmente- que no podremos usar indefinidamente la misma bola. Por más buena que sea ó por más suerte que nos haya traído. Lamentablemente terminará deformándose –aunque imperceptiblemente- con los golpes y luego de tantas vueltas que la hicimos aguantar.

Si aún no encontraban una buena razón por la cual su pelota no rodaba perfectamente por el green cada vez que ejecutaba un putt recto… sepan, que pudo haber perdido su condición de redondez y reemplácenla por otra nueva. Esa ya dio y soportó todo lo que pudo dar, pobre…

 El último consejo que no olvidaré (y el más difícil de poner en práctica):

“Cuando enfrentes una salida ó tiro con agua al frente, elige tu pelota más nueva y costosa… seguramente te concentrarás tanto, que saldrá una de las mejores ejecuciones que jamás hiciste…”

No criticaré más a los juguetes ni a los accesorios especiales; es más, me gustaría comprarme todo lo lindo que se vende en un Proshop ó tienda de Golf, me encantan las novedades (útiles).

Sólo que ahora señalo la necesidad de buscar un punto de equilibrio, un segundo de paz interior que nos deje analizar, en el momento que compramos elementos de un buen equipo, la prioridad e importancia que tiene la pelota en el Golf (parece irónico y hasta recurrente insistir y seguir subrayando algo tan obvio… como escribir un tratado de navegación y recordar que para hacerlo hace falta agua)

La pelota es a mi juicio, una parte ‘sustancial+estratégica’ del juego y del éxito, igual que los buenos palos que usamos y los zapatos que calzamos.


Hasta la próxima.
Marcelo H. Barba
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