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El agua

No existe ningún golfista Profesional o Amateur, que al preparar su tiro para cruzar el agua no sienta (aunque sólo sea por un breve instante) un estremecimiento de duda sobre la perfección, la potencia y el resultado final del vuelo de su tiro.

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Observar la tranquilidad y paz que nos transmite una extensión de agua debería ayudarnos a aquietar nuestra ansiedad, hipnotizándonos con el entorno, llamativamente no sucede así cuando la enfrentamos justo a punto de ejecutar nuestro tiro de Golf… Todo eso nos cambia y puede transformarse en desconfianza y temor.

No existe ningún golfista Profesional o Amateur, que al preparar su tiro para cruzar el agua no sienta (aunque sólo sea por un breve instante) un estremecimiento de duda sobre la perfección, la potencia y el resultado final del vuelo de su tiro. Recién nos tranquilizaremos cuando veamos a la bola picando y rodando del otro lado del agua.

Observar a los más experimentados inclusive, y ver que ellos también ‘pifian’ y cada tanto hunden alguna pelotita, por lo menos le trae algo de paz a mis sentidos… porque ello me hace apreciar que son tan humanos como nosotros y que de vez en cuando, se permiten cometer esos errores tan típicos del Golf.

En una cancha diseñada con cierto equilibrio, una de las trampas tradicionales a enfrentar es el agua. Al decir equilibrio intento decir que no todos los hoyos deberían proponernos aguas, ríos o charcos que cruzar, o por lo menos no hacerlo de una manera frontal e inevitable en nuestro recorrido hacia cada bandera. Pero que las hay, las hay…

De hecho, existen canchas que se caracterizan por poseer una cantidad inusitada de lagunas y zonas de juego por las que atraviesa algún riacho, que con su sinuosa trayectoria atraviesa la mayoría de los 18 hoyos. Sabiendo esto, no quedarán más opciones que aceptarlo y jugar con la cuasi-certeza que sumergiremos alguna bola.

Escuché y leí, que uno de tantos consejos para evitar el temor natural de enfrentar el agua, es imaginarse que no existe, que en realidad es una superficie sólida, sea de pasto, tierra o asfalto, no importa. Aunque para mí forma de verlo, el problema -si es que se trata de un problema- no debería eludirse sino enfrentarse; porque el agua seguirá siendo bien líquida, atractiva y desafiante. Entonces: ¿Por qué motivo intentaremos meter en nuestra mente una fantasía que trate de disfrazar la realidad…? Estamos demasiado concentrados en la ejecución que pretendemos hacer y eso es lo que vale.

Es verdad que cuando uno se para frente a cualquier charco, el primer pensamiento que nos invade, es cómo hacer para llegar ‘volando’ a la otra orilla; seguidamente nos preguntaremos: qué palo usar… Pero segundos más tarde (cuando la razón y el sentido común les ganan a nuestras dudas) comenzamos a evaluar -y con detenimiento- otras variables como la distancia entre nuestro punto de ejecución y la zona de ‘aterrizaje’; el viento que eventualmente pueda jugarnos en contra; el ’lie’, que ahora que lo miramos más tranquilos podría generar otro problema en la ejecución, en fin… hasta llegamos a concluir, por Ej., en que no contamos con “ese” palo que sería el más adecuado para pasar sin problemas.

Acaso alguien también nos haya aconsejado cierta prudencia (no solamente para el agua, sino para cualquier tiro), al decirnos que, si no estamos plenamente convencidos del palo que usaremos para realizarlo, probablemente no haremos la mejor ejecución y deberíamos analizar otras alternativas. Y la verdad es que hay más opciones que nos permitirán sortear el agua, evitar la pérdida de la pelota y el costo de la multa asociada a nuestro creativo clavado…

La cuestión esencial, es identificar al agua como un obstáculo más, tan difícil o más fácil que la arena, pero seguirá siendo una trampa a evitar por arriba o por los costados.

Hace mucho tiempo escribí, que el aumento de los niveles del agua en algunas lagunas donde juego normalmente, se debe principalmente a la gran cantidad de pelotas que arrojé… Hasta llegué a comprarles mis propias pelotas a los chicos que las pescaban.

El agua que más debería preocuparnos en este análisis casero, es la que enfrentamos en la línea de tiro. Podrá esperarnos hipnóticamente a la salida del hoyo o a pocos metros, a mitad del recorrido, antes de llegar al green o justo por detrás del mismo, con lo cual las estrategias a tomar parecerían circunscribirse a un tema de precisión con la distancia. Pero como también interviene lateralmente y aunque no nos preocupe tanto, de todas formas, nos obligará a ser más justos con la dirección, con la consideración de los vientos de costado, evitando los ganchos y los desagradables ‘slices’.

Para cada una de las situaciones anteriores existen ‘salidas’ que pueden practicarse, como la más fácil y directa (algunos dirían que es la más cobarde), que es dejar la pelota corta del agua con el 1er tiro, si es que el comienzo del agua se encuentra cerca de los 120/140 yardas del tee y siempre que podamos manejar esa corta ejecución, pues no habrá forma de sobrevolar esa distancia “de aire” si a esas yardas le sumamos lo que mide el ancho de la laguna hasta la parte seca.

Obviamente (ya lo sé…) que tendremos esos días especiales, iluminados, donde podremos intentar ‘el tiro del día’ si justo se alinearon los planetas y todo nos sale perfecto, pero no siempre es carnaval ni todo el camino en bajada (y ni siquiera llegamos a la regularidad, para confiar en que podremos repetir el tiro perfecto a nuestro antojo). Igual todo a su tiempo llegará…

Me propuse mirar varias canchas de Golf con lagunas y pequeños brazos de ríos que las cruzan, llegando a la conclusión (además de que son muchas…) que sistemáticamente se puede encontrar un camino o zona lateral para evitar la laguna. Lógicamente sacrificando algo de distancia, pues la línea del objetivo dejará de ser la del hoyo. Pero como si se tratase de una constante, siempre aparece la posibilidad de apuntarle a algún sendero por donde cruzan y pasan jugadores o las máquinas de mantenimiento, que nos permitirán llegar a la otra orilla. Inclusive, hasta podríamos encontrarnos con algún bunker para hacer una escala-seca y desde allí, triangular sorteando a la laguna por ese costado.

Si de todas formas no encontrásemos laterales confiables (como sucede con la selección Argentina de fútbol…) aparece esa opción que les mencioné, de jugar 2 palos menos para dejar la bola lo más cerca posible del borde del agua, ya que desde ahí será menos riesgoso cruzar de un solo golpe hacia el otro lado.

Quizás la zona más dudosa es cuando el agua nos espera por detrás del green… Ahí nos veremos obligados a jugar tratando de frenar la pelota antes que caiga (al agua), ya que dependiendo del viento, de la posición de la bandera, de lo rápido que corra sobre la superficie y de la caída que tenga el green, que por lo general y lamentablemente es hacia el agua, harán que la dejemos exageradamente corta del hoyo, hasta el miedo mismo nos ayudará a ello.

Mis buenas (pocas) y malas (muchas) experiencias son variadas. Así y todo, rescato los consejos profesionales de quienes saben y nos enseñan Golf. En ese sentido, mi profe decía que parado al lado del agua tomara 1 o 2 palos de más de los que estaba dispuesto a pegar, que ejecutase al 80% de la potencia. Con esa acción me aseguraría cruzar sin forzar el swing y sin importar si me pasaba algunos metros. Pero lo que quería intentar en realidad, era que hiciera una ejecución suave con potencia, pero sin destartalarme.

La otra cuestión que me indicaba era: “¿Por qué apuntarle recto a la bandera desde la parte más ancha del lago, si podemos hacerlo hacia otro punto menos complicado (donde se angosta el lago, por Ej.), y desde allí llegar secos y con mayor confianza al green...?”

Cuando jugaba y juego por primera vez un campo desconocido, aún tengo la manía de observar el trazado del hoyo antes de jugarlo, ya sea desde el dibujo que muestran las tarjetas que algunos clubes imprimen o desde el cartel de cada hoyo donde además de su número y del hándicap, ilustran un dibujo del desarrollo con las zonas de arena y agua que posee. Sin esos datos, consultemos con los compañeros de juego que conocen la cancha, o con algún caddie que eventualmente alguien contrató, que conoce más que nadie de las distancias y lugares a dónde apuntar y dejar a la pelota bien segura.

Si tuviera que sintetizar lo poco y bueno que aprendí del “Agua” diría que se reduce a analizar algunas estrategias, que como en las otras cosas de la vida nos piden destreza, imaginación, creatividad y valentía. Aquí también habrá que adelantarse al suceso, trazando un plan para el momento previo a la ejecución, observando no sólo el agua, sino el entorno que la delimita, a sus pendientes, barros, cortes abruptos y zonas de alivio por donde ‘podríamos triangular’ el tiro cuando advirtamos que podría complicarse un cruce recto y limpio.

Mientras trepamos por esta larga soga del aprendizaje… deberíamos intentar administrar la ansiedad negociando con la cancha sus trampas de una forma más ingeniosa, es decir, transformando los desafíos de potencia en ejecuciones de precisión hacia zonas de menor riesgo, aunque a priori, creamos que con esa acción perderemos algún golpe, pero por lo menos no sumaremos multas ni hundiremos más pelotas (con el precio que tienen…).

Buen Golf para todos, poca agua y a divertirse con los amigos !! (pero x las dudas llevemos algunas pelotas de más)

Marcelo H. Barba
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