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El bunker del green, el bunker del fairway...

Siempre que "visito la playa" con alguno de mis desventurados tiros, algo parece inquietarme, hasta que vuelvo a ponerla en juego, pensando siempre en sacarla con un sólo golpe y dejarla sobre el mejor pasto, pero a veces no sale bien...

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En esta ocasión trataré de compartir una experiencia relacionada con los bunkers, los que rodean al green, dejando para más adelante a los de tipo ‘cross-bunkers’ o trampas de arena del fairway, que merecen otros comentarios y análisis.

Un viejo profe (disculpen que siempre haga referencia a sus comentarios) me decía que, cada vez que enfrentase un tiro desde la arena, pensara y me concentrara en la siguiente frase: “El bunker es mi amigo…” como si en ese fugaz ejercicio mental encontrase el secreto para preparar mejor mi golpe.

Cada tanto lo pienso así, aunque no tengo forma de asegurarle a nadie que realmente funciona.

Aunque advierto que muchas veces me resulta más amistoso caer en un bunker que en los ‘feos’ pastos que lo rodean, con un rought desprolijo, enmarañado o sin nada más que tierra dura y pelada… El ‘lie’ de la pelota sobre la arena se me ocurre más indulgente que los yuyos, donde para mí, es más fácil pifiarle al tiro por defecto que por exceso de potencia.

No debo auto-calificarme pero podría comentarles sin falsa humildad, que no tengo serios problemas para enfrentar un bunker y salir del mismo con regularidad. Con lo cual, más allá de invitarlos a repetir esa frase mental (el bunker es mi amigo…) voy a compartir con Uds. y contarles, cómo hago y qué cosas aprendí para lograrlo. Tal vez pueda darles una pequeña señal a los que ejecutan demasiados tiros en esa zona para que disminuyan su tiempo de permanencia ahí.

Vayamos por parte… Lo primero que asimilé a fuerza de pura práctica y con un profesor, fue pegarle a la arena, sólo eso. Y aunque dicha acción parezca una tontería, no es menor, ni poco. Ya veremos.

Cuando consulten a un profesional o profesor, éste les indicará la manera más apropiada de plantar sus cuerpos frente a la pelota (el “Stance” a adoptar) y cómo realizar el swing. Pero eso no es todo, ni lo más importante que aprendí…

Me resultó en cambio, mucho más útil (a mí modo de ver) la práctica de ejecuciones en el bunker sin pelota…

Sí, como lo leen, dentro de la arena y ejecutando sin ninguna pelota.

Aunque suene y parezca raro, tuve que aprender a pegarle a la arena sola. Exactamente por detrás de una marca que le hacía con un tee, como si justo ahí estuviera apoyada una pelota imaginaria. (Hoy sonaría mejor decir ‘pelota virtual’…)

Una y cientos de veces subí y bajé aquel ‘Sand’, tratando de enviar una tajada de arena (y el tee) hacia el green, sin ninguna pelota… a veces lo lograba y en otras ocasiones pasaban dos cosas, clavaba el hierro demasiado detrás de la marca o ni siquiera rozaba la arena como para provocar una ‘lonja’ voladora. Pero como dice aquel refrán: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final…”

Este ejercicio de golpe virtual (sin pelota), una, cien y mil veces, hizo que incorporara dos elementos que ahora considero importantes para el juego desde la arena y por demás aplicables cuando por fin practiquemos con una pelota real…

Primero, a fuerza de pura práctica y de dejarle la vista, logré consolidar un tiro medianamente confiable. Confiable significa que por fin pude pegarle a la arena exactamente donde había clavado mis ojos, justo detrás de esa marca; y segundo, entendí el motivo por el cual tenía que acelerar el palo en la bajada del swing, sin frenarlo en el golpe, como si en realidad tuviera que pegar 150 yardas, terminando bien arriba y con buen ‘finish’, o por lo menos intentar todo eso...

La velocidad del golpe sobre la arena era y es la clave de cualquier sacada. Si no lo hacía así, no podría hacer volar ninguna porción de arena hacia el green o a la zona donde practicaba y menos con una pelota real.

Lo segundo que hice (parece obvio…) fue pegar dentro del bunker pero con pelota, tratando de imitar el ejercicio anterior de sacar solamente arena… Pero fíjense que digo imitar, porque cada vez que nos enfrentemos a la pelota, nuestro primer temor -lógico, generalizado, universal- será pegarle limpiamente, de lleno y con potencia, enviándola a la luna…

Entonces, allí aparecerán los tiros fallidos, cortos, pesados, cobardes… que harán que nos quedemos una larga temporada en esa bonita y asoleada playa.

Me propuse pegarle con fuerza borrando la visión de la pelota y fijando la vista por detrás de la misma, para impactar exactamente allí, como cuando lo hacía sin pelota, exagerando un par de centímetros más atrás. En ese momento (aún) no me importaba tanto la distancia, sino que volara, que saliera y que rodase hacia el hoyo… y si se pasaba, eso tampoco se convertía en un motivo de preocupación.

Lo que tenía que lograr era una “explosión”. Eso, una con mucha arena, con potencia y con una pelota que (de casualidad) se metiera en medio de todo el circo, pero que terminaría volando solidaria con la arena y hacia el objetivo.

Este segundo ejercicio de práctica, del golpe CON pelota, tuve que realizarlo tanto o más que el primero, ya que además de grabarlo muscularmente, aún me resultaba dificultoso evitar impactar directamente sobre la arena sin tocar la pelota. Con el tiempo y gracias a la práctica machacante y aburrida, comenzaría a querer regular las distancias e intentar elegir el lugar dónde deseaba hacerla picar… ya me había agrandado…

Con mucho más tiempo también, les confieso que uno comienza a probar y a sentir distintas sensaciones de potencia con otros ’pitches’, más allá del Sand propiamente dicho. Me fui dando cuenta que podía utilizar otros lofts que además de permitirme quitarla de la arena, me dejarían ‘manejar’ más finamente el vuelo y la rodada de la pelota sobre el green.

Eso recién llegaría al final, como la frutilla que corona a la torta, luego de cocinarla, de prepararla y de presentarla sobre la mesa. Pero recién me encontraba amasando algo que ni siquiera tenía forma de torta…

En breve, mi intención es continuar con el tema de la arena pero ahora desde un cross-bunker, compartiendo alguna vivencia especial que podría servir para sacarle algún provecho y experimentar en nuestras prácticas…

Suerte en los bunkers (no se olviden que son amigos…) y hasta la próxima.

Marcelo H. Barba
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