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Sacando... sin pelota

Trataré de transmitirles y compartir una experiencia personal, que podría ser considerada por aquellos que aún guardan ciertos temores cuando aterrizan en un bunker y desean salir del mismo antes de su quinto golpe...

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Cuando comencé, como todos los que subimos la misma escalera de instrucción y práctica, fui tratando de incorporar escalón por escalón, lo que aprendía con un profesor, más lo que leía en las revistas especializadas, más lo que también observaba cuando acompañaba a algún golfista amigo, lo que mostraban en la tele, en fin… era una ‘esponja’ de Golf.

Infinidad de imágenes, películas, fotos e ideas que se apretaban en mi cabeza, que además, debería tratar de clasificar y administrar cada situación para intentar reproducirla en cada oportunidad.

En todo ese cúmulo de cosas que me enseñaron, nadie se había tomado la molestia y profundo aburrimiento personal, de enseñarme cómo hacer para quitar mi pelota de un bunker en menos de 14 ejecuciones...

No, hasta que me crucé con un excelente profe que me ofreció los rudimentos básicos y un ejercicio que no olvidaré.

Alfredo (así se llamaba) tomó el balde de pelotas, un sand y me pidió que lo siguiera. Fuimos hacia la zona de práctica donde estaban los bunkers. Ese día en particular me había hecho practicar tiros cortos y hierros 5 y 7. Con lo cual no quedaban muchas pelotas como para dedicarlas a la práctica dentro de la arena, pero no tardé mucho en darme cuenta que no las necesitaría…

Mi sorpresa fue que Alfredo me hizo parar dentro de la arena, en el medio del bunker, con mis pies medio enterrados y comenzó a enseñarme algunas características del ‘stance’, a adoptar distintas formas de enfrentarme a la pelota (hasta ahora inexistente) según el tiro que deseaba ejecutar, me indicó además hasta dónde levantar el palo y… nada más. Simplemente me ordenó que hiciera un swing y le pegase a la arena, con mi ‘Sand’, pero sin pelota.

Eso debió ser suficiente como para darse una idea de mis calamidades, porque inmediatamente me corrigió el grip, los pies, las caderas, la espalda y hasta la forma de observar a la supuesta pelota (que seguía ausente), mientras él dibujaba una línea sobre la superficie de arena, indicándome que la cabeza del palo debería ingresar por detrás de dicha marca.

Parado frente a mí, insistía en que no frenase mi ejecución cuando el palo se acercaba a la arena, que no tuviese ningún temor por dejar al bunker vacío… él pretendía una explosión de arena con un ‘finish’ completo; una y mil veces hice lo que me pidió, sin quitar la vista de esa línea que marcaba cada vez, hasta que me acostumbré a pegarle sólo a la arena.

En cada nueva oportunidad que lo seguí frecuentando para tomar clases de práctica, terminamos metidos en la arena haciendo eso que describí: ejecutar tiros sin pelota, como loco, una y otra vez, hasta que ambos nos aburriéramos…

Confieso que al comienzo me dio cierta vergüenza, ya que estaba dando una imagen medio alarmante (un golfista obsesivo pegándole a la arena, sin ninguna pelota) era como mínimo, preocupante; aunque luego de unos días terminé por observar y convencerme que en realidad, nadie nos mira ni pone atención en lo que hacemos, noten eso.

De lo que sí estoy seguro, es que esta es una experiencia recomendable para quienes por algún motivo, manifiestan algún temor por caer en una zona de arena; o de hacer una ‘papa’, filazo o ‘topazo’, o de no pegarle fuerte a la arena por evitar una explosión y dejar al bunker pelado, o de no acelerar el palo justo en el momento del impacto…

Bueno, todo eso que les cuento se aprende y el miedo se va. Definitivamente y sin pelota…

Peguémosle a una marca sobre la arena hasta que grabemos en nuestra memoria muscular el golpe. Y cuando llegue el momento de reemplazar la marca con una bola, mentalmente estaremos más dispuestos a resolver la ejecución con total soltura y continuidad. Lógicamente, después vendrán los ajustes, es verdad. Digamos que comenzaremos a regular la potencia del golpe para dejarla más o menos cerca del objetivo, pero no olvidemos algo: aprendimos a pegarle a la arena sin temores y con un mayor porcentaje de seguridad para quitarla de un solo golpe..!!

No obstante, cuando nuestro desafío se vea difícil, frente a una pared o especie de pequeño acantilado por ejemplo, hagamos lo mismo pero… apuntemos hacia cualquiera de los lugares planos que nos presenta el bunker (inclusive hacia atrás…). Ahorraremos más de dos ejecuciones.

Chau miedos… y buen fin de semana con amigos, arena y Golf..!!

PD.: no se olviden de reparar los bunkers… (Ahora más que nunca).

-Marcelo H. Barba-
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