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Un honroso saludo para Don Roberto...

La verdad es que tenemos que agradecer su grata y larga compañía en esta Tierra, pero igual es muy difícil no extrañarlo ni dejar de pensar en él, a pesar de que se fue de gira justo en sus flamantes 94…

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 En mi microscópico e insignificante caso, lo recordaré cada vez que juegue Golf, porque las únicas dos veces que pude disfrutarlo en persona tuve la experiencia de creer que hablaba con un amigo; y fue así, porque a través de una conversación casual recibí de su persona una energía positiva impresionante con su simpleza y humildad. Cierto día me senté por unos minutos a su mesa, para compartir pensamientos especiales.

Fue en el Ranelagh Golf Club, cuando quedamos con un grupo de amigos en conocer y jugar aquella famosa cancha del Maestro. A pesar de que jugaríamos alrededor de las 10 de la mañana, llegué demasiado temprano y decidí tomarme un café mientras esperaba al resto del grupo.

Me dirigí a la confitería y enseguida lo vi, solo, leyendo un diario frente a una tasa de café (o Té, no recuerdo), sentado al lado de un gran ventanal donde gracias a la altura sobre elevada del bar, podía observarse la salida y el desarrollo del hoyo 1 y mucho más.

Me pareció un sueño hecho realidad. No iba a perder semejante oportunidad de estrecharle la mano; no tenía nada que perder y como un verdadero caradura me acerqué respetuosamente a su mesa…

Nos miramos y antes que dijese nada le extendí mi mano y me presenté como un admirador. No hizo falta que le preguntara si podía sentarme; enseguida extendió su brazo y me propuso compartir un café, cosa que hice indicándole con una señal al mozo que me había atendido que me había ‘mudado’ de mesa (y que me cobrara todo a mi).

Mientras cambiamos algunas palabras de Golf, de la cancha que se presentaba hermosa, miré su físico y sus gestos con más detenimiento, observando en la curvatura de su espalda y en sus manos grandes y arrugadas el pasar de los años y pensé… la cantidad de experiencia acumulada, los miles y miles de golpes que habría ejecutado en esa tan afortunada vida, que hasta ahí lo dejaba envidiablemente bien plantado en sus 80 y pico de años…

A mi consulta referida a si aún jugaba, humildemente me contó que cada semana -a veces 2 o 3 días- llegaba a “su” club para charlar con sus amigos, recorrer y practicar algunos hoyos y, mientras avanzaba en su tranquilo y apacible diálogo me aconsejaba sobre algunos secretitos, para que los que recién conocían el lugar pudieran ahorrarse algunos que otros tiros, me decía…

¿Cuánto jugás..?, consultó. Cuando le dije 21, se le dibujó una respetuosa sonrisa y deslizó este hermoso comentario…”te queda mucho por jugar, por conocer y por aprender, pero si vos trabajas de bancario (ya le había dicho a qué me dedicaba), recordá bien que esta actividad va a dejar que te diviertas entre los 18 y los 15 de hándicap, menos que eso mi amigo, empezarás a preocuparte más de lo que realmente se merece, si no vivís de esto claro…

Al hacerle saber cuál era el club en que yo jugaba normalmente, inmediatamente recordó que en los próximos días y justo ahí, había comprometido una escuelita de Golf para los más pequeños, respondiendo a una invitación que oportunamente le habían hecho y que él ya había confirmado, dado su interés particular por los niños que se asomaban al Golf…

Venite y aprovéchalo!!, me dijo, que también viene bien para todas las edades…

Obviamente fui, un sábado al mediodía y me mezclé (nos mezclamos) junto con más de 20 chiquilines que esperaban ansiosos ver y escuchar al Maestro de todos los tiempos. Esa fue la 2da. y última vez que pude verlo en persona, créanme que lo disfruté como si hubiera tenido 8 años.

No sólo transmitió sus conocimientos, sino el profundo amor y respeto por el Golf, por la naturaleza, de su boca salían consejos y vivencias que se absorbían como si todos fuésemos esponjas secas…

Entre las tantos consejos que ofreció, desmitificó el tema que, para tal o cual distancia hace falta ‘tal o cual’ palo… y los chicos se miraban entre si (los grandes también) como esperando alguna explicación que no tardó en llegar.

Tomó a uno de los niños que formaban una medialuna sentados sobre el pasto frente a él; de la mano lo incorporó y le preguntó ¿Qué palo usarías para llegar a esa bandera de las 50 yardas? Todos esperábamos una respuesta similar a un Pitch, un Sand o quizás un hierro 9; pero antes que alguno dijese algo, el maestro tomó un hierro 3 y se lo colocó entre las manos a quien estaba por contestar por algún Pitch…

Al final, la moraleja fue que cualquier palo hubiera sido útil si se lo tomaba correctamente y se realizaba el swing que merecía aplicarse para dicha distancia; cosa que efectivamente hizo con ese 3, con un 5, un 7 y finalmente con un Sand, dejando a las 4 ejecuciones a muy corta distancia del hoyo de práctica. El Golf, nos decía a todos, es un ejercicio de sensaciones, fundamentalmente. Y le creímos.

Contó algunos chistes, anécdotas inolvidables de sus viajes y torneos (las más y las menos conocidas) que nos hicieron pasar un momento grato e inolvidable.

Pensar que estábamos frente a un verdadero Genio, que estaba ahí parado y hablándonos a todos, que ostentaba callada, sencilla y modestamente la máxima cantidad de torneos ganados (más de 230) en la historia; y no se creía un iluminado ni un súper dotado… Simplemente había entregado su vida al Golf y éste le había retribuido todo su esfuerzo desde el más austero y genuino silencio.

Ahora mismo estará con Arnold Palmer, ajustando algunas cosas para salir a conocer nuevos campos, donde nunca es de noche, donde nunca llueve ni hay malos ‘lies’, donde nadie compite por millones, sin tele ni periodistas especializados, sin tarjetas que llevar ni firmar, donde está sembrado el mejor pasto que nunca en esta vida conocimos… donde la única regla que merece ser observada y cumplida es la del amor y la humildad.

Podríamos adelantarnos a los hechos y comenzar a festejar la innumerable cantidad de triunfos que nuestro Maestro cosechará sobre esos ‘Links’… Del mismo modo, empezar a imaginarnos con quién podríamos jugar en el futuro…

Querido Don Roberto, descanse, disfrute y sea el merecido campeón de aquellos nuevos campos de paz tan hermosos.

Hasta siempre…!

Marcelo H. Barba
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