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Consejo para golfistas veteranos...

Nunca fui tan reflexivo sobre lo que voy a relatar, quizá sean los años o es lo que efectivamente me ayudó...

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Se dice que todo, inexorablemente llega. Entonces habrá que ser lo suficientemente consientes y honestos con nosotros mismos para identificarlo y luego comenzar a buscar alternativas que nos permitan seguir andando.

Cuando comencé a fines de los ’80 con el Golf, acaso un poco mayor, todavía gozaba de 30 y pico de años, de un buen estado físico. Me animaba -por ejemplo- a participar en torneos de 36 y hasta 54 hoyos (en esos feriados largos, como el de Semana Santa por Ej.). Una hermosa época en el recuerdo.

Con el paso del tiempo llegaron las responsabilidades y los compromisos para atender una familia que crecía y a un trabajo cada vez más intenso y desafiante, en fin… nos fuimos acercando a la adultez (eufemismo para no decir vejez), y cuando podíamos… seguíamos practicando un poco de nuestro querido Golf, sin darnos cuenta de nada.

A más de 30 años de aquellos días, sin ser tan consiente de que el mundo siguió rotando; además de los años y kilos que sumé, comencé a advertir que progresivamente perdía algunas capacidades físicas como la flexibilidad, la rotación, la potencia y lógicamente la velocidad que le imprimía a la cabeza de mis palos; aunque para ser completo en mi confesión reconozco también que a pesar de eso, comencé a ganar buen terreno en la precisión de mi juego corto y sobre el green (¿qué me quedaba si no..?). Menos mal… porque de otra forma me hubiera dedicado al ajedrez, con el respeto que merece dicha disciplina.

Pero mi objetivo en esta nota no es compartir un cuadro de decadencia, sino por el contrario, aprovechar la oportunidad de recomendarles algo simple que me ocurrió, a partir de un hecho relacionado precisamente con un mal golpe que di con mi madera 3, que terminó por quebrar su vara. Ahí me dispuse a visitar una tienda especializada para cambiarla.

El vendedor –experto- que me atendió, observó la vara rota y me consultó si aún deseaba mantener la misma dureza o aprovecharía la ocasión para ponerle otra más flexible, consulta que me sorprendió ya que sólo había pensado en una simple reposición; no obstante, el profesional me llevó con mucha inteligencia hacia su terreno de conocimientos y esto generó un intercambio de opiniones interesante.

Comenzando por identificar –así le dije- que era la primera persona que tan diplomática e indirectamente me decía “viejo”, por lo menos relacionando mi apariencia física con la dureza de mis varas… (yo algo sabía, pero como siempre pasa, nuestra mente nos juega por detrás y nos hace olvidar de las limitaciones físicas adquiridas con el tiempo…); con lo cual acepté de buen grado que me sugirieran el cambio por considerarme “veterano”. Compartimos algunas risas.

El hombre me propuso no sólo cambiar la dureza del palo roto, sino que me convenció de colocarle varas de tipo “Senior” al resto del equipo, no sin antes invitarme a pasar por un interesante proceso de fitting que definitivamente recomiendo, donde efectivamente uno puede comprobar tres cosas: a) Que realizando el mismo swing se puede lograr una mayor distancia que con la vara rígida (era como volver a sentir el latigazo sobre la pelota); b) Que las ejecuciones salen más rectas y podemos quitarnos los vicios que generamos para corregir la dirección; y c) Que hasta nos sentimos físicamente mejor, ya que no hay que forzar huesos o articulaciones (oxidadas) para lograr una pegada potente.

En síntesis, fue un pequeño regalo que me hice a mis 60 y pico, que por ahora disfrutaré hasta que aparezcan otras alternativas, por ejemplo, para quienes queramos jugar más allá de los 90… (o pido mucho?)

Ahora sí… mi objetivo es recomendarles 2 cosas simples: 1) Realizar un fitting cuando lo crean conveniente para sentir cómo esas diferencias físicas que llegaron con los años (pérdida de distancia, precisión, etc.), pueden verse disminuidas con un cambio en la dureza de las varas de nuestros queridos palos tradicionales, ya que los harán más permisivos e indulgentes. Por lo menos, podremos probarlo sin costo… Lo 2do., dependiendo del resultado del fitting, será el cambio propiamente dicho de las varas de nuestras maderas e híbridos.

Obviamente que visité el driving, en dos o tres sesiones de práctica para acomodarme a los “nuevos” palos, así le tomaba definitivamente la mano a la flexibilidad de esas varas; ejercicio que humildemente sugiero realizar.

A disfrutarlo y ojalá volvamos a vernos en otros 30 años haciendo Fitting (si Dios quiere …y si aún existe el Golf)

Marcelo H. Barba
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