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La ansiedad, los nervios, el respeto (y una anécdota...)

En todas las actividades que desarrollamos, principalmente las ligadas a la convivencia, es inevitable que nos sorprenda algún incidente… y el Golf no escapa a esa Ley.

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Hay gente ansiosa, a las que su tiempo les parece siempre escaso, que viven como si el día tuviera menos de 24 horas y les es imposible manejar un ritmo razonable. Menos aún, tratar de equilibrarlo con quienes tenga que compartir un momento -que se supone- es de paz y de armonía. La pregunta es: ¿Cómo es que terminaron jugando Golf…? Nunca lo sabremos.

El destino hizo que jugase con alguien así… Salimos en una línea de 4 y enseguida me imaginé que este señor ‘nervioso’ que nos acompañó generaría algún incidente durante el desarrollo del juego, lamentablemente no tardé en confirmarlo.

Nos presentamos y sin mediar otra acción, ni preguntar por nuestros handicaps para honrar los turnos de salidas, clavó su tee y sin más golpeó su bola… sin siquiera hacer un mínimo swing de práctica. Acelerado el muchacho...

¿Tal vez le quedarían pocos minutos de vida...? pensé. Luego guardó su driver y esperó visiblemente ansioso que ejecutásemos nuestros tiros.

Los tres nos miramos sorprendidos por su actitud, pero él ni lo notó. Estaba preocupado por identificar dónde había ido a parar su pelota (un feo gancho que la colocó debajo de un pino, inabordable y frondoso).

Ejecutamos los nuestros y comenzamos a caminar hacia cada pelota, observando cómo se adelantaba apurado -trotando- para encontrar su bola y ver si podía pegarle.

Llegó al pino y adentrado en su espesura, luchó con un palo para golpearla y sacarla hacia la luz del fairway. No se cómo hizo, pero la alejó lo suficiente como para ejecutar su 3er. intento.

Rápidamente cambió de palo y sin swing de práctica volvió a tirar un maderazo al green, que desafortunadamente no fue al green… hizo escala en otra especie botánica justo frente al pino, aunque esta nueva parada era menos frondosa y más permisiva.

Así las cosas -para no describir hoyo por hoyo- este ‘velociraptor’ se debatía por jugar rápido, por pegarle como podía y correr tras su bola para volver a impactarla sin importarle mucho si era su turno. Eso hizo que jugásemos ignorándolo y como si no existiera, hasta que inevitablemente los 4 volviéramos a encontrarnos sobre el green.

Al no prestarle atención e ignorarlo, no advertimos que en hoyo 17 este vehemente ejecutó desde el fairway vecino, un tiro de recuperación con tanta fuerza y poca fortuna, que terminó impactando -por suerte- en uno de los carros de los jugadores que nos precedían.

No gritó ni advirtió su pelotazo volador... Se escuchó el ruido del golpe e inmediatamente llegaron las señas de las quejas, que respondimos con otras reverencias indicando nuestras disculpas, en fin… no fue suficiente. Fue un descuido peligroso que pudo herir a alguien.

Esa línea que nos precedía estaba a la vista, a sólo 150 yardas (bien visible para quienes veníamos por el fairway correcto). No había razones para que ejecutásemos sin esperar que se distanciaran. Tampoco había forma de explicarles que ese tiro provenía de otro lugar y otro jugador, de uno que a los pocos segundos apareció entre los arbustos, ‘al trote’ y saltando con su carro, mirándonos y esperando saber algo del destino de su misil…

Los de adelante jugaron el green, pero no se fueron al 18, nos esperaron acumulando ganas de descargar su ira sobre cualquiera que se responsabilizara del bochazo.

Avanzamos bajo las miradas de tres soldados que custodiaban la bola que había pegado en el carro de alguno… y tratamos de convencer al desequilibrado compañero para que pidiera las disculpas correspondientes. Pero pareció no estar en la Tierra ni escuchar lo que decíamos.

Los golfistas no tardaron en identificar al ejecutor cuando éste aproximó ágil y despreocupado a pegar su approach. En cuanto estuvo cerca lo rodearon para reprocharle enérgicamente su falta de descortesía.

Hubo quejas justificables que este ansioso golfista no escuchó ni entendió, siguieron insultos subidos de tono, llegó algún empujón (donde consideramos prudente intervenir para evitar más consecuencias), explicaciones para tratar que entendieran el error, pero todo el ejercicio diplomático que pusimos para suavizar el suceso, se desperdició con los comentarios del loco que seguía haciendo exactamente lo contrario, culparlos a ellos por ser ‘tan lentos…’

Le tiró nafta al fuego y se encendió una discusión que mató cualquier intento civilizado por bajar los decibeles.

No se si fue por el atraso que estábamos produciendo ó por el revuelo que se armó, pero rápidamente llegó el Starter con su carro, que además de enfriar el inminente boxeo ‘invitó’ al demente a entregar la tarjeta que llevaba y a desaparecer, llevándoselo en su carro con bolsa y todo. Nunca más lo volvimos a ver…

Los civilizados que quedamos allí terminamos charlando en excelentes términos, compartiendo un trago al finalizar el 18 en una rara línea de 6, recordando lo que acabábamos de vivir. Sin dejar de preguntarnos ¿Cómo es que una persona tan alterada y complicada elige al Golf como práctica deportiva, distracción ó placer…?

La verdad es que no conozco (ni ustedes tampoco) golfistas –incluyamos profesionales- que no ejecuten tiros desviados; pero yo reconozco que nunca me crucé con un alguien que piense al revés, que la culpa sea precisamente de los que se cruzaron en el camino de su pelota…

Si el destino hace que juguemos con personajes como este, mi humilde propuesta es que ‘lo declaremos injugable’ y pensemos en dos salidas: 1) Solicitarle amablemente que se calme ó se retire; ó 2) hacerlo nosotros; ofreciendo disculpas por alguna indisposición y retirándonos diplomáticamente. Es preferible jugar en otro grupo (aunque fuera de torneo, lo se… pero será un costo razonable de aceptar antes de perder nuestro inolvidable día de Golf).

Con gente alterada no hay que confrontar nada, no tiene sentido mientras se desarrolla el juego. Mantengamos nuestra altura y nivel en todo momento, eso también es Golf.

Algún día los golfistas (los que estamos convencidos de serlo) comprenderemos cuál es el verdadero espíritu de esta disciplina, su objetivo de armonía y equilibrio; y la precisión que nos exigen sus técnicas; quizás entendamos algo más sobre esa complicada mezcla que existe entre lo físico y lo psíquico, a cada instante y en cada acto; diría que hasta fuera de la cancha también.

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba
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Comentarios de los miembros
GHIRLANDA MARCELO AGUSTIN
Club: MDP ACANTILADOS
01/01/1900 09:59

Excelente comentario, como siempre. Alguno de nosotros, si tenemos memoria, recordaremos que al iniciarnos en la práctica del golf, hemos sido un poco ansiosos. Sobretodo si no comenzamos de muy jóvenes, como es mi caso. Sin embargo la actitud del caballero de la historia va mas allá, era además muy maleducado. Creo que el primer problema, ser ansioso, se va curando con el tiempo y la práctica y forma parte del aprendizaje del golf. El segundo no tiene solución dentro del período de vida terrenal. Habrá que esperar que resuelva su karma en vidas futuras. ;-P Gracias por la historia.

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