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La regularidad (esa quimera tan lejana…)

La regularidad para nosotros, es como un piso. Una base que construimos a fuerza de confianza, que nos llevará medianamente seguros, a acceder a segmentos superiores de mayor experiencia y dominio.

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Si buscáramos en un diccionario el significado de “Regularidad” encontraríamos dos definiciones clásicas:

- Uniformidad en la manera de desarrollarse una cosa ó situación, sin que se produzcan grandes alteraciones 

- Hecho de suceder una cosa respetando una determinada norma ó cadencia (El jugador pasa el corte clasificatorio con mucha regularidad; el sol en invierno sale alrededor de las 8 AM con regularidad, puntualidad, etc.).

A mi gusto, la regularidad se entiende mejor con esta frase: “Casi Siempre…”; pero sea cual fuese la interpretación de su significado, en nuestra actividad de Golf nos damos una clara idea de lo que queremos decir, cuando manifestamos que necesitamos ‘más regularidad’ en el juego.

Es una necesidad que recién comenzamos a advertir con el crecimiento y la maduración en nuestras habilidades; cuando vemos que podemos y con ello, deseamos repetir esa misma performance, técnica ó ejecución en el próximo hoyo (y porqué no también, en el fin de semana que viene); pero por más que nos lo propongamos férreamente no lo logramos.

Recién ahí empezaremos a desear la regularidad… queremos volver a repetir una y otra vez todo aquello que aprendimos y salió bien; pero rápidamente caemos en la desilusión, ya que ese deseo es como algo imposible… es una hermosa y difícil quimera.

La regularidad para nosotros, es como un piso. Una base que construimos a fuerza de confianza, que nos llevará medianamente seguros, a acceder a segmentos superiores de mayor experiencia y dominio. Pero ese estadio o plataforma no es tan sólida ni confiable, porque a su vez se apoya sobre otros elementos que aún no gobernamos a voluntad.

La regularidad no se puede adquirir, ni conseguir en forma aislada; en todo caso la obtendremos como el producto final de un proceso complejo, donde participan factores como la experiencia, la confianza y el estado de ánimo que nos habita en cada caso. Todo ello en un marco de equilibrio difícil de sostener en el tiempo.

Pronto nos enfrentaremos a la rara paradoja de que “la regularidad es bastante irregular”. O dicho de otra manera: “que nosotros –regularmente- somos irregulares”.

Con esfuerzo y práctica quizá construimos un swing confiable, donde ya sabemos ó podemos darnos una idea de, que cada 100 ejecuciones que hagamos, 99 ‘casi siempre’ impactarán a la pelota; que ‘casi siempre’ la enviaremos al objetivo deseado, con una ‘tolerancia’ de unos 10 metros a la redonda; etc., etc.; entonces, estamos cada vez más cerca de creernos que -con algo de ‘regularidad’- seremos capaces de reproducir esas rutinas aprendidas, por lo menos durante un tiempo razonable.

Muchos se preguntan (hasta los jugadores de bajo handicap): ¿Cómo es posible que haga un par ó un birdie en este hoyo, y en el siguiente un triple boogie…? ó ¿Quién me explica el motivo por el cual el sábado pasado haya sumado un gross de 85 y en esta oportunidad un increíble 110…?

¿Será que la respuesta está en mi falta de regularidad…? Puede ser. Pero no hay seguridad…

Porque hasta los profesionales que viven del Golf (los más regulares que podemos conocer), tampoco resultan ser lo suficientemente ‘regulares’ en su juego, como para asegurarse a sí mismos que estarán ‘casi siempre’ entre los 10 primeros. Esto es tan claro que muchos de ellos ni siquiera logran pasar el corte clasificatorio, a pesar de haber ganado un torneo justo en la semana anterior.

La regularidad seguirá siempre relacionada a la ‘psiquis’; porque si quitásemos del camino todas las miles de variables que hacen que ganemos triunfalmente ó perdamos horriblemente, nos encontraremos con la esencia del Golf y de cualquier otro tipo de destreza física: la Mente.

A este punto quisiera dejar claro (por si no lo hice antes) que nada se consigue sólo con el físico, sino que la mente se lleva la parte más importante del esfuerzo -pero eso no se, ve ni se siente-

Tenemos pruebas suficientes (no me cansaré de citar a Tiger, por Ej.) que demuestran que, con toda la ‘regularidad’ que este genio supo demostrar en su época de oro, todavía hoy continúa esforzándose para volver a ser quien fue, para reencontrarse con ese grado de justeza en su driver, de precisión en sus hierros y de sutileza quirúrgica sobre el green y además, sentirse cómodo con toda la presión psíquica que supone mantenerse en ese altísimo nivel competitivo.

Entonces, ¿Cómo es que aparece y desaparece la regularidad…?

La regularidad es una virtud que no se pierde, sino que varía, fluctúa según las circunstancias personales que vivimos, los momentos por los que pasamos, los estados de ánimo y el grado de concentración que en definitiva podamos lograr en esos instantes en los que recurrimos a la memoria, buscando lo que grabamos en nuestra mente, gracias a las mil veces que practicamos las técnicas que justo ahora deseamos reproducir.

La regularidad, por fin, terminará relacionándose con nuestro ‘equilibrio’, con esa mezcla justa y precisa que tratamos de poner en cada ocasión (cerebral y física). Y cuando logremos una composición razonable –no sólo en Golf- estaremos más cerca de ser medianamente regulares y equilibrados en casi todo lo demás.

Para darle un cierre más sedante… diría que no nos obsesionemos tanto con la regularidad, porque ésta será ‘pendular’, aparecerá como las olas y como ellas también desaparecerá…

En realidad, la gran quimera que perseguiremos siempre, será tratar de retenerla por tiempo indefinido, pero no nos angustiemos excesivamente por ello, porque correremos el riesgo de no disfrutarla plenamente cuando nos visite. Ella llegará sola, sin estridencias… y luego partirá.

Perseguir la regularidad, será un desafío hermoso y por momentos alcanzable… pero tengamos presente que la esencia misma del hombre es ser irregular; en su temperamento, carácter y genio, que infaliblemente variarán con el tiempo y las circunstancias por las que atravesemos; y así, aprendiendo a vivir… se nos irá la vida.

Hasta la próxima

Marcelo H. Barba.
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